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Fue
uuna de sus imágenes habituales: brazos en alto, aclamado y admirado.
Francisco Pérez Machín, “Pollito de la Frontera”, se forjó un sólido
prestigio por el modo en que acertó siempre a poner toda su fuerza e
ingenio a favor del espectáculo de la lucha canaria. Con su talento,
entrenando más de 7 horas diarias durante casi 300 días al año,
consiguió permanecer en el número uno durante la década de los 90.
Con 15 años comenzó a asombrar en los terreros. Llegaba un muchacho de
El Hierro, grande –1,96 metros- y fuerte -150 kilos-. Marcó las
diferencias e hizo que se las pagaran. Su contrato rompió los topes
salariales en la lucha canaria. Y se convirtió en la estrella de los
terreros hasta el año 2007, cuando decidió poner fin. Su cualidad
principal fue la de poseer
un singular instinto ganador que pareció no abandonarle nunca. Su
fascinante carrera deportiva se convirtió en un ejercicio de poder,
el más absoluto y brillante que ha conocido la historia de este
deporte.
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